viernes 4 de julio de 2008

Chi vediamo

Buona notte Roma.

Dovete riposare.

Domani sarò con voi.

Aspettare me.



jueves 3 de julio de 2008

Columnas

Hoy, mi chico grande y yo, hemos ido a un bar a por unos bocatas para cenar. Solemos ir casi todos los jueves y es un lugar que yo frecuentaba hace muchos años, en otra vida que viví, pero es curioso como la gente puede saludarte como si fuera ayer el último día que te vieron.
Normalmente pedimos los bocadillos, los pagamos y nos vamos para casa pero hoy nos hemos permitido tomarnos unas cañas mientras los preparaban. A mi lado tenía una columna pintada en color crema. Yo no había reparado en ello hasta que mi chico me lo ha señalado y me ha dicho: mira, esta es buena.
La columna está forrada de frases escritas en varios colores y he podido leer algunas hasta donde me alcanzaba la vista. No he sacado mi libreta por vergüenza o quizá por miedo a que me pidieran derechos de autor.

"La soledad es un buen lugar para ir de paso pero malo para quedarse a vivir"

A nuestra izquierda una mujer hablaba sola, vocalizaba palabras de alcohol y tenía esa sonrisa perdida que se regala a la nada acompañada de una mirada triste. A mi derecha, un mono azul cubriendo a alguien que mascullaba algo para sí sobre vete a saber qué.

Y pienso... sí, un mal lugar donde plantar el pandero.

Sueños salaos

Me explicó un día que ella ordenaba sus sueños por prioridad, dibujaba en un papel una pirámide donde el más grande ocupaba la base y el más pequeñito estaba en la puntita del triángulo. Temía que si se juntaban dos a la vez ninguno de ellos se cumpliría.

- ¿Tú crees que ocupan espacio? – Me preguntó - ¿Crees que si tenemos uno no podemos tener más?

Yo tengo la despensa llenita de sueños, entre los gusanitos naranjas y las galletas de chocolate, justo delante de las aceitunas rellenas. Encajados y ordenados por el color de su etiqueta y la fecha de caducidad.

- ¿Qué ocurre si no se cumplen? – Seguía interrogándome - ¿Te decepcionas?

Un día aprendí que los sueños, cuando se convierten en obsesión, hay que meterlos en una bolsita y llevarlos al contenedor azul para que hagan cajitas de colores donde guardar los indios de playmobil.

- Entonces ¿los sueños se pueden reciclar?

Y pintarlos de azul, hacerles dos coletas y hasta vestirlos de sevillana con zapatos amarillos a topos verdes.

miércoles 2 de julio de 2008

Barquitos

Me gusta sentarme en el suelo y observar los momentos gigantes, mirarlos desde abajo, de ese modo parecen grandes, muy grandes, como si casi pudieran tocar el sol que me deslumbra y tengo que achinar los ojos para no perderlos de vista. Pongo la mano en la frente en plan visera y voy recorriendo cada centímetro de ellos, poco a poco.

Luego me pongo de rodillas, alargo la mano y los acaricio. Tienen piel de papel pinocho y huelen a chupachup de natafresa.

Cuando termino de observarlos me levanto y los corto a pedacitos chiquititos, los doblo bien dobladitos, los guardo en el bolso y me los llevo de paseo.

Si me encuentro con alguien sin momentos saco un pedacito y le fabrico un barquito de papel.

martes 1 de julio de 2008

A la sombra

Se está bien aquí. Me acabo de sentar en una silla de madera con respaldo de lona blanca. Una gran sombrilla le pide al sol que no me moleste. Dos chicos jóvenes juegan con sus móviles, creo que intercambian melodías o algo así.
Ahora pasa una chica con coleta empujando un carrito de bebé que mueve sus piecitos desnudos como dibujando mariposas en el aire.
Creo que el camarero me ha visto, ya vendrá.
Me acomodo en la silla y saco mi libreta del bolso. La hojeo y doy con el dibujo de El principito que hice hace ya unos días en la sala de espera del médico. No me quedó mal.
Ahora una mujer mayor con otra más joven que supongo que es su hija se sientan en una mesa cercana a la mía. Sí, son madre e hija, no me cabe duda, tienen la misma nariz, los mismos ojos y hasta la misma sonrisa de plástico.
Un grupo de niños con la misma camiseta blanca con letras en azul pasan por delante de las mesas. Ríen, saltan, se empujan, se burlan... Una chica de pelo muy corto les llama la atención... no us mogueu de la fila... nada, ni caso, ellos siguen a lo suyo mientras ella les mira con cara de resignación sin poder evitar que se le escape la sonrisa al cruzarse con mi mirada comprensiva.
Creo que el camarero me ha visto, ya vendrá.
Los chicosmelodía ahora hablan de fútbol y mi oído izquierdo se desconecta. El derecho se concentra en la madre e hija a mechas rubias con sonrisa de botox. Comentan algo sobre las rebajas y mi oído izquierdo dice off.
Creo que el camarero me ha visto, ya vendrá.
El grupo de niños blancocamiseteados ya ha llegado al final de la calle y veo como cruzan alborotados por el paso de cebra mientras la chica de pelo corto suplica paciencia a los coches que esperan con su mirada.
La chica de la coleta con el bebé mariposa vuelve a pasar por delante. Creo que antes entró en la tienda de juguetes, no lo sé seguro. Sí, ahí fue, antes no colgaba ese peluche naranja del carrito, vamos, creo que no, ahora ya no me acuerdo.
Creo que el camarero me ha visto, ya vendrá.
No hay prisa.